martes, 24 de agosto de 2010

Quizás...




Sólo tú me llevas de la rabia a la alegría, de una sonrisa a una lágrima, del enojo al amor...

Sólo tú provocas que mis sentimientos se revuelvan, sólo tú haces que mi corazón cada vez lata más rápido, sólo tú haces que mi voz se quiebre...

Sólo tú, con una mirada haces que nazca el deseo de besarte, de acariciarte, de hacerte mío...

Sólo tú, eres el hombre con el que quiero estar, sólo tú sabes que me tienes en tu mano y sólo tú, puedes hacerme vibrar hasta la muerte...

Sí, aún te amo, tanto que en lugar de olvidar, sólo empiezo a amarte más...

sábado, 7 de agosto de 2010

Así salió...

Llegando a la soledad, acompañados, tus ojos me miraban queriendo deshacerme, tu mirada tenía fuego y tú, tú eres una hoguera que teníamos que apagar. Tu boca quería saciar su sed con mis besos y mis labios estaban ansiosos de alimentarte. Nuestras bocas jugueteaban, se abrazaban, se amaban, tocándose infinitamente en el calor y la saliva. Bajas lentamente por mi rostro y tus labios van impregnando en mi piel tu aroma, como aquellas bestias que marcan su territorio. Tus labios y tu lengua, eternos manantiales de mis placeres recorren mi piel, palmo a palmo, por las mejillas, el cuello, un estremecimiento llega, eres tú, mi dueño. Bajas por mis hombros y besas mi espalda, la haces tuya, con la sensibilidad de un pétalo, besas mis piernas y llegas a mis pies, los observas, los haces tuyos, regresas hacía arriba y vuelves a besar mis piernas, vuelve a mi un estremecimiento que no puedo controlar. Despacio llegas a mi entre pierna, miras mi deseo, lo besas, lo absorbes y yo sólo trato de controlar la sensación tan placentera que me provocas. Te quedas ahí un rato y yo, acostada en esa cama sólo puedo gemir, mis manos arañan las sábanas, las quiero romper pero te detienes y sigues besando mi vientre, tocas mi ombligo como si fuera una fuente en que las ovejas llegan a beber y sigues, hacia arriba, llegas a mi abdomen y luego mis pechos, como flores que derraman miel y tú la bebes, quieres más.

Luego te miro, completamente desnudo ante mí, y los dos ardiendo por las ganas de hacernos uno. No puedo soportarlo y tengo que hacerte mío, como mis manos, como mis ojos. Y aquellos sólo me ayudan, te toco, te acaricio, te beso. Y tirado en la cama comienzas a entrar en mí. Una sensación que no puede explicarse recorre todo mi ser y yo te siento, una y otra vez. Luego, mi cara hacia abajo y tu sobre mí, haciendome tuya, es hora de llegar al clímax y yo quiero fundirme contigo, de verdad ser uno sólo, de manera literal, ser uno tú y yo. No lo soporto, tengo que gritar pero me contengo, aun hay algo de pudor en mí, pero te siento, como si te derritieras por dentro de mí, sé que algo nace cada vez que pasa esto. Sé que algo se gesta cuando sucede así.

Ahora quedan los recuerdos, los sueños contigo y sin tí. Las ganas inmensas y el deseo eterno de hacerte mío, sin hacerlo, de fabricar, entre cuatro paredes, un mundo lleno de placeres, donde quiero vivir mi vida.