domingo, 28 de marzo de 2010

Sin cauce

¿Qué son estas cosas brillantes que caen de mis ojos? ¿No lo sabes, pequeño? Se llaman lágrimas, todos los humanos las tenemos sólo que algunos las dejamos salir más frecuentemente que otros. ¡Claro! En algunas ocasiones son de alegría, la mayoría son a causa de la tristeza. ¿Y éstas de que son? ¡uy! pequeño, esa no debería ser una buena pregunta y yo no debería respondértela pero lo haré aunque eso me provoque llenar este cuarto con estas pequeñas gotitas.

"Había una vez una princesa, si, de esas bellas princesas de los cuentos de hadas, las que viven en un castillo lleno de riquezas y hermosas joyas, con animales y sirvientes que la atendían. Era muy amable pero un día se enamoró. Ella estaba ilusionada y feliz, y el principe que la había flechado pensaba en casarse con ella, en formar una familia, en ser feliz por siempre.

Un día la princesa enfermó, cayó en cama por una rara enfermedad que no la dejaba comer ni dormir, todo el tiempo quería escapar, dentro de su corazón existía un terremoto, un remolino que no la dejaba querer. Esto sucedió porque un embrujo se apoderó de su corazón. Todos sabían que ella era noble y que podía dar su propia vida por amor pero un hombre, que tiempo atrás le causó pesares, se aferró a hacerle la vida imposible y a cambiar su corazón.

La princesa estaba confundida, no sabía qué hacer pues sentía que ella moría al morir su corazón, pero no fue así, al cabo de unos meses su corazón de volvió frío como un bloque de hielo aunque por dentro aun sentía el calor que le irradiaba el amor que sentía por aquel principe. La princesa comenzó a ser egoísta, a pensar en ella y a ver por ella, manipuló a quienes se le ocurrió, chantajeo y por mucho tiempo tuvo a sus pies a las personas que ella deseaba, incluso al principe que tanto la amaba.

Llegó un día en que le príncipe, cansado del juego se desenamoró, sí, así de un momento a otro se cansó y dejó de amarla, las promesas, los juramentos y las ilusiones juntos desaparecieron esfumadas en el viento que llegaba a la tarde. Él se marchó sin decir nada, estaba cansado de su vanidad, de su linda cara y su postura de víctima. Ni siquiera dijo adiós.

En ese momento el amor que ella sentía, sin sentirlo pleno, reventó ese corazón frio y ella supo que lo amaba, pero era demasiado tarde y al verse en esa situación no pude enfrentarse a la realidad y juró que lucharía hasta volver a su lado."

Y ese es el final, no es perfecto pero es final. Creo que los finales no siempre contemplan al principe azul y no siempre las princesas son felices por siempre. Claro, yo no soy princesa, ni él era un principe. Yo también lo provoqué y como provocación ha sido uno de los errores más grandes. Por eso lloro, porque quiero recuperar por medio del agua de mis ojos un poquito del rio de su amor, que era inmenso y que terminé destruyendo.