martes, 12 de enero de 2010

Desde el principio...

No somos lo que parecemos y no parecemos ser. Es una unidad compleja de entretenimiento de la vida, de los juegos de alguien que no logra ponerse de acuerdo con respecto a las cosas, que las cambia y hace al mundo girar y ¡qué bella es la vida con esos giros!

Giramos siempre por todo el mundo y si te detienes, te mareas. Complicamos las cosas al girar y nos enredamos en esos hilos que nos enhebran y nos cosen a las cosas. Giramos y vamos avanzando, giramos y vamos hacia algún sitio y la gente que no gira es porque ha muerto desde hace mucho tiempo.

Y así girando encontramos gente que gira a nuestro lado, a nuestro ritmo y cuando de repente queremos dejar de girar ellos nos empujan y nos animan, enjugan nuestras lágrimas de dolor. Giramos junto a la familia, pero ellos siempre te obligan a girar a su ritmo, pero no es tan malo, sucede en esa etapa tan peculiar de ser padre, pues ellos no quieren más que tú sigas girando toda la vida. Hay quienes por el simple hecho de existir hacen que gires... y tú giras y giras como un torbellino, avanzas hacia lo desconocido y mantienes sensaciones extrañas que no dejan que veas lo maravilloso que son esos giros.

¡Un torbellino! eso es lo que siento cuando te veo, mis emociones se revuelcan en dimensiones inimaginables, recuerdo aquella primera vez en que el calor del sol me atrapó en su ardiente color, como si un cubito de hielo se derritiera y al mismo tiempo descansara, se sintiera cálido, reconfortado, renacido.

Así eres tú en mi vida, suave caricia del alma adolorida que se acongoja y encuentra el sabor desconocido del amor. Recuerdo aquella vez en que por primera vez leí un libro, recuerdo que era Dolores Claiborne y que me enredé en la lectura que por primera vez me hacía sentir ganas de continuar hasta el final, esas envenenadas palabras que gesticulaban los párrafos y adornaban las blancas sábanas de Vera Donovan que habían sido oreadas por la brisa de aquella playa de Little Tall y que colgaban del tendedero con seis pinzas, no cuatro ni cinco ¡SEIS!.

Así me siento cuando te veo, tendida al calor de tus brisas y tus risas, que se sienten como un rayito de sol enmedio de la nieve de una montaña y que no se derrite pero que se goza. Recuerdo aquella vez que por primera vez probé un dulce, un deleite en mi boca susurraba los más dulces sonidos de placer, el dulce se deshacía poco a poquito y dejaba a su paso un sabor de fresa, fresa artificial, por supuesto, y que aún así siempre deseabas un poco más.

Así era el sabor de tus labios, aquellas dos frutas prohibidas que conocí y de las cuales siempre quise más y no puedo negarlo, aún las quiero probar, robártelas para que cada día vaya probando un poco de ellas. Recuerdo cuando por primera vez escribí algo, mis manos temblaban pues el lápiz era demasido dificil de domar, como bestia salvaje. Mis garabatitos escribían mi nombre y por primera vez sentí expresarme, hacer algo yo sola.

Así te siento a veces, cuando expreso que te quiero, cuando te digo al oído y sin palabras lo que siento por tí, cuando una caricia, una mirada, un abrazo, un beso dicen más que mis palabras. Recuerdo cuando por primera vez miré un colibrí, sus pequeñas alas tan rápidas me dejaron extrañada y al mismo tiempo admirada, yo quería volar como él, yo quería ese pequeño manjar de rapidez en mis manos, quería tocarlo y verlo avanzar.

Eso quiero cuando estoy contigo, abrazar esa velocidad con la que vives, quisiera abrazar esa velocidad con la que pasa el tiempo y la eternidad, quisiera mirarte avanzar hacia lo infinito de la angustia y el placer, hacia la intemporalidad de la vida y los sueños. Recuerdo mi primer logro, mi primera caída, mi primer dibujo, mi primer día de clases, mi primer ida al cine, mi primer beso, mi primera ilusión, mi primera borrachera, mi primera canción de amor, mi primera nota en una guitarra, mi primer verso en una hoja de cuaderno, mi primer maquillaje, mi primer infinito estudio, mi primera obsesión, mi primer ídolo, mi primer juramento, mi primer día de universidad, mi primer diente caido, mi primera amiga, mi primer ecuación resuelta, mi primer ensayo terminado, mi primer miedo superado, mi primer motivo para vivir, mi primer calor de madrugada, mi primera navidad en familia, mi primera rebeldía, mi primer corazón enamorado, mi primera risa incontenible, mi primer pastel de chocolate, mi primera gatita, mi primera conexión con mi mundo interno, mi primera palabra de agradecimiento, mi primera desvelada, mi primera pelicula, mi primer disco, mi primera flor, mi primer amanecer, mi primer anochecer, mi primer tú, mi primera yo. Recuerdo todo eso y cada cosa me hace compararla contigo, recuerdo mi vida y mis primeras cosas, recuerdos mis primeros lugares y esas sensaciones habitan también en tí, pues cuando te veo siento lo que sentí la primera vez, cuando te veo siento que te quiero como la primera vez, cuando te veo siento que te amo como la primera vez y eso en este mundo de vanalidades y eufemismos, de mediocridades y paganismo, en este mundo ascético y escéptico, en este mundo de princesas y sapos, en este mundo de gatos en la azotea y molestas serenatas de maullidos, me hace sonreír y sentir esas mariposas en el estómago.

¿Te preguntabas porque te abrazo y te busco y porr qué me enojo cuando te oigo decir una barbaridad? Porque pase lo que pase me haces sentir esto todavía, porque ahora no duele, ahora sólo se siente y se lleva a todos lados. Si te busco no es necesariamente para encontrarte, sino para reecontrarme con mis sensaciones de ayer. Si te busco es para provocarte al menos un poquito de lo que yo siento. Si te busco no es para volver, es para sentir, para oír y enojarse, es para expresarte sin palabras eso que me provocas aún, esas mariposas que han vuelto a revolotear en mi pequeño estómago que sirve sólo para alimentar este sentimiento...