viernes, 16 de octubre de 2009

De un amor que se consumó

Y al abrirse el telón del mundo apareciste tú en una nube desplegándose por el cielo. Con aquellos cristales que brillan bajo la intensa luz de tus deseos, carnales, útopicos, reales e imposibles.

Tu boca, aquel manantial de pasiones se enajena, huye despavorido por la infinita estela de mi cuerpo, beso a beso mide la longitud de mis pecados, de mi lujuria y de mi amor.

Después tus manos suaves en mi piel, corroborando el infinito placer que me provocas con sólo mirarme. Mi piel erizándose a cada toque, en cada segundo y en cada centímetro. Mi cuerpo enloquecido, tiritando por la espera de tí, de hacerme tuya, entre tus brazos.

La respiración de acorta y en contraposicón mis latidos se aceleran, llegas tú y tus labios que han recorrido mi boca, como dos danzantes nuestras lenguas se unen, trastocando la intimidad de las ideas que calan hasta los huesos.

Tus manos recorriendo ansiosas mi cuerpo, como si fuera un pez que escapa de tus manos para volver al agua. Y yo, sólo tocando aquella mina que deseo, que satisface mis emociones. Tu cuerpo desnudo provocando el calor del cielo y el infierno juntos, entras como entraste en mi vida, entras en mí y yo sólo cierro los ojos para conocerte.

Es la unión mas sublime que pueda mirarse, que pueda experimentar: No puedo resistirlo más. Nuestros cuerpos llegando a la cumbre de aquella montaña del deseo, un extenuante vuelo hacia el cielo, caricia de nubes y argot de ángeles. Caida a tierra desde un vuelo alto y frágil, rompiendose en mil pedazos, mi vientre pretende explotar por el infinito placer de tí y sólo una sensación recorre mi cuerpo y el tuyo.

Al final yaces junto a mí, cansado pero sonries al mirar que nuestro amor por fin está consumado. Yo sólo disfruto de tí, junto a mí, deseando que sea sólo el comienzo de nuestra felicidad... felicidad hecha por tí y por mí para la eternidad.