viernes, 5 de septiembre de 2008

Con nada... sin todo

Flota, exhausto de placer en un movimiento indiscutible.
Goza ante la terrible pérdida del sentido.
Sollozo que se dispara ante la gloriosa pena del ser.
De ser él, de estar sin fin, inconcluso, petrificado.
Impulsos de vanidad y soberbia.
Imersión en un mundo de desprecio y chantajes.
Infierno vivo de multiples colores asesinos.
Ojos de felino, de terrible alcance.
Historias de barbarismo y crueldad. Nada se salva.
Nadie vive para siempre. Todo tiene un fin.

Dioses de plástico, de piedra, de polvo.
Destruidos, aplastados, muertos.
Clamas, lloras, siempre, todo el tiempo.
Súplicas sin sentido, súplicas sin destino.
Y aquí quedo yo, tan inexistente como todo.
Aquí quedas tú, inexplicablemente.

Y allá, infinitamente, estamos los dos.
Estamos tú y yo,
nos unimos en una nota de claridad,
nos entregamos en un idilio de historia.
Y al final no sé quien soy yo,
y al final no sé que eres tú.

Y al final volvemos a empezar
en un ciclo patético de nada, de todo,
de ahora, de siempre, de nunca, de ayer.