jueves, 28 de mayo de 2015

Miedos

¿Alguna vez el miedo te ha paralizado? No en un sentido estricto, claro está. A mí no me ha dejado avanzar durante años. Mi depresión, mi ansiedad y el miedo que he desarrollado me han hundido en la vida. A veces es muy difícil levantarme todos los días,buscar un trabajo, arriesgarme, cambiar de hábitos.

Desde que me he dejado dominar por esto, siento que he fracasado en todo. Tengo miedo de enfrentar las cosas que dejé pendientes, tengo miedo de fracasar en un trabajo, tengo miedo de equivocarme. Y al mismo tiempo tengo muchos sueños, quisiera hacer muchas cosas pero a la hora de arriesgarme pierdo la confianza y en lugar de enfrentarlo, decido aplazar, desistir, renunciar.

Incluso en nivel personal me he descuidado. En el amoroso soy bastante obsesiva y controladora, quizá porque no quiero volver a sufrir. En definitiva. tengo miedo de muchas cosas. Todos dicen que a mi edad debería conseguir un buen trabajo, arriesgarme, hacer cosas, y quiero hacerlo pero siempre me gana el miedo a fracasar. Lo he pensado mucho y desde niña fui así. Siempre fui muy buena en la escuela, pero equivocarme o perder me hacían mucho daño. Siempre he querido controlar esas situaciones, tal vez porque mi madre siempre insistía en que mi única obligación era estudiar y yo no podía fallarle. Puede ser que haya tomado esa impresión de la vida y por eso me frustra mucho equivocarme, hacer mal las cosas.

Hoy voy a enfrentarme a algo duro y sé que no será fácil. Creo que debo ir aprendiendo a perder y a que las cosas no siempre salen como uno quiere. Me esforzaré mucho de ahora en adelante. Lo haré con el único objetivo de salir de esta situación. Sé que muchos pueden juzgarme pero sólo cada persona sabe lo que pasa en su vida. Porque este esfuerzo es por mí. Lo único que debo hacer es enfrentarme y salir a vivir mi vida.

martes, 26 de mayo de 2015

Carta a un desconocido que amé

Hace tanto tiempo que decidiste dejar mi vida atrás. Muchas veces ni siquiera recuerdo cuántas han sido las noches que pasaron desde que partiste, pero últimamente he recordado los momentos que nos marcaron. Tal vez ni lo recuerdes y yo no tengo derecho de llegar a ti, ni con éstas ni con otras palabras, pero sí tengo el valor de recordar.

Es increíble la fuerza de los sentimientos, aunque muchas veces las personas como yo no quieran reconocerlo. Te preguntarás si en todo este tiempo que ha pasado desde que me dijiste “Adiós” no me he enamorado. La respuesta es sencilla: SÍ. No importa lo que haya pasado alrededor de esos amores esporádicos y eternos, lo importante es que ya no duele que terminen como sigue doliendo que tu amor por mí haya perecido.

Hoy me enamoro y puedo mantenerme libre y despierta para continuar mi vida, pero nunca seré la misma si recuerdo cuánto te amé. En algunos momentos tengo sensaciones parecidas a las que sentía cuando estábamos juntos.  Sé describir perfectamente cada detalle de ti. Sé muy bien la manera en la que piensas y huyes de lo que no te gusta. Conozco tus reacciones y puedo leer tu mirada. Y en ella he visto que eres feliz. Ni siquiera me preguntes cómo lo sé ni cuándo te he visto, pero la vida en ocasiones es cruel cuando uno no termina de entenderla.

Fallé, lo sé. Pero nunca pretendí hacerte daño ni jugar contigo. En ningún momento lo hice. Quizá no debería decirlo, sin embargo, parece preciso mencionarlo: Te fui tan leal y fiel incluso cuando no teníamos una relación amorosa que desprecié a todos los que me pretendieron mientras tú decidías el futuro de nuestra relación. Muchas veces me he odiado por eso y porque al final de todo yo fui quién sufrió.

Te di mi vida, te entregué mis sueños y te dejé en ellos, aunque no supieras si querías quedarte o no. Te entregué todo lo que me pertenecía y en el momento del adiós todo mi ser se fue contigo. He tirado todos tus recuerdos y me he jurado mil veces que no volveré a buscarte. Y lo he cumplido.

He pensado mucho en todo lo que eres y cómo eres y concluí que siempre odié muchas cosas de ti, por ejemplo, la estúpida manía que tenías de cancelar nuestras citas todo el tiempo, si bien, la mayoría de las veces entendí que era imposible que dejaras a tu familia, eso me hacía sentir desplazada, en segundo sitio desde la segunda ocasión que ocurrió. Odié tu falta de valor para luchar por mí, nunca sentí que hicieras algo para que lográramos ser felices, siempre sentí el peso de los dos en mis hombros y la responsabilidad de mantener a flote nuestra relación. Odiaba que no supieras lo que querías, me sentía un juguete que no querías dejar pero que odiabas; había muchos días que me esperabas para platicar y me lo decías sin tentarte el corazón, sabiendo muy bien lo que yo sentía por ti, todos los días hablábamos, hasta que un día hiciste todo lo contrario. Odié esos detalles que tenías para demostrarme que pensabas en mí todo el tiempo, los odié porque lo hiciste mientras estabas con alguien más  y en aquel diciembre que había sido el más feliz de mi vida. Odié esas ilusiones falsas que alimentaste ese fin de año, las promesas de estar juntos toda la vida y de formar nuestra propia familia (recuerdo bien que querías tener tres hijos y un perro, y yo trataba de convencerte de que sólo fueran dos y un gato).Odié que llegaras a conocer todo lo que era, nunca había sido tan trasparente para alguien. Pero odié más que a pesar de abrir mi vida, tú no confiaras en mí y siguieras pensando en ella. Odié que me compararas, que todo el tiempo recordaras las cosas que pasaste a su lado. ¿De verdad te enamoraste de mí o sólo pensabas que yo podría llenar el lugar que tuvo ella en tu vida?

No sé por qué razón no te había dejado ir, desde que te conocí. Siempre fuiste la persona con la que me sinceré y quién nunca me juzgó. Sé que odié muchas cosas de ti pero también amé todo lo que eso significó. No puedo dejar a un lado las sonrisas que provocaste y las sensaciones ilimitadas que nunca olvidaré.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que dejamos de vernos? ¿uno o dos años? No lo sé. Lo único que sé es que nuestras vidas se separaron como debieron separarse mucho tiempo antes para evitar sufrir lo que sufrimos. Pero no me arrepiento de nada, porque eso sería desperdiciar la vida, sin embargo, las palabras, las risas, las lágrimas, incluso los deseos de la vida y del cuerpo son huellas imborrables cuando se trata de amor.

Esos dos años y medio que pasamos juntos fueron los mejores y los peores de mi vida. Los mejores porque aprendí a amarte, a aceptar mis sentimientos sin avergonzarme de nada. Los peores porque me hice mucho daño y porque aprendí que las personas no siempre cumplen sus promesas.  No fuiste malo, lo he comprendido. Fuiste tú, y a pesar de que me duela aceptarlo, siempre fuiste igual. Estabas desesperado, triste, depresivo. Ambos absorbíamos los sentimientos del otro y nunca llegábamos a ningún lado. Pero yo te amaba y deseaba estar contigo. Quizá ese fue el error. Pretendí  hacer las cosas por ti y al final te fallé. 

Y me dolió.

Después vino el silencio y comprendí que estabas confundido y asustado. Pero nunca reparaste en saber cómo me sentí al enterarme que la habías elegido a ella. Lo pensé en su momento ¿cómo puede estar con la persona que le hizo tanto daño, que le fue infiel, que lo usó? Luego surgió el odio. Te odié hasta la muerte y sentí en vida lo que quisiera sentir en la muerte: CORAJE.

Un día, no sé quién me avisó de tu paternidad y entonces todo el mundo se me cayó encima. Y el enojo fue aún más fuerte. Ni tú ni nadie de tus familiares quería saber de mí pero me avisaban de ese momento importante. Y recordé aquel noviembre y me sentí estúpida de nuevo, me recriminé tanto que volví a caer en esa tristeza. Nada fue igual desde ese día; me he jurado no volver a sufrir por amor y aprendí a amar a esos hombres, a amarlos en el instante y luego ser feliz aunque no haya nadie a mi lado.

Podrías intentar saber de mí y leerías muchas cosas, pero de algo puedes estar seguro: mi vida ahora es muy distinta a la que conociste, aunque en el fondo sigo siendo la misma que te amó.
Espero que no volvamos a encontrarnos en la vida nunca más, es suficiente con vivir bajo el mismo cielo porque los amantes que un día se amaron y decidieron separarse, no deben tener segundas oportunidades ni reencuentros. 

Nada hay más grande en el mundo que el amor verdadero y pocas ocasiones se tiene la oportunidad de encontrarlo, por eso, mantenerlo eterno es la misión de nuestra vida y no hay nada más eterno que aquello que no tiene prolongación.

Si el destino existe, sé que no planea juntarnos.

“No importa cuántos años pasen, quiero que sigas sonriendo. No importa qué me suceda, seguiré rezando para que siempre, siempre, sigas siendo feliz.”

Carta a un desconocido que amé. (2013) 

jueves, 12 de abril de 2012

Actitudes

El tiempo siempre es el mejor aliado para curar el dolor de la pérdida. El extravío de uno mismo cuando hay una separación, no es el mismo que el extravío de tu identidad. Cuando alguie parte de tu vida se lleva todo lo que construyeron juntos: sueños, planes, proyectos, recuerdos, pero sobre todo, se lleva junto a él a una persona, tu persona.

No es que pierdas identidad, pierdes ánimo y ganas de continuar por el camino que ibas construyendo. Tienes miedo de comenzar a crear una figura para ti. Y entonces gritas, lloras, deseas lo peor. En el mejor de los casos no vuelves a saber de aquella persona, y te reconstruyes con toda la paz del mundo. O encuentras a otra persona para volver a comenzar una historia que se volverá eterna, si sigues en el mismo plan de construir a una nueva persona para él.

Lo peor (y mejor) viene cuando te das tiempo de sanar. Si, tiempo. Entonces acudes al llamado incesante de la soledad. No sales, no ríes, lloras por las noches cuando nadie te ve, escribes miles de cartas que nunca llegan a su destino, maldices a aquella persona, a su pareja, a su familia, tratas de aparentar que te vale madre todo y lo exhibes como triunfo, pero al final el dolor se refleja siempre en tus palabras. Luego llega el momento en que llega el contacto de nuevo y sufres, lloras por la felicidad que te presumen. Te armas de valor y dejas de buscar, de leer, de llamar. Es el momento en que sientes que la vida no te ha dado lo que mereces, pero, en cuanto comienzas a superar la necesidad de saber de su vida, inicia una etapa que no lograrás alejar: la sanación.

Entonces conoces gente, sonríes sin razón aparente, sales a la calle a disfrutar de la vida, te compras un café, un helado, vas al cine, ves la televisión o simplemente te confiesas enamorada de la vida. Debo decir que por dentro el proceso es mucho mas fuerte. Te vuelves una mujer completa, te das cuenta que la felicidad no depende de un hombre o de una relación, sino de la manera en que miras la vida. No tienes miedo al compromiso pero sabes que aún no es tiempo de clavarse en relaciones formales que sólo le quitarán el goce a la vida. Te das cuenta de lo que quieres, cómo lo quieres y cuándo es el momento justo para obtenerlo. Te vuelves mas mujer y aunque el amor se te haya ido de las manos, dejas de temer a enamorarte porque sabes que la próxima vez lo harás de alguien que valga la pena, que no mire en ti interés, ni busque compañía porque no logró hacer que su ex-pareja le fuera fiel. Seguirás amando como nunca pero no cometerás los mismos errores del ayer. Serás feliz aun estando sola, no como premio de consolación sino como manera de ser madura en la vida.

Y entonces cualquier hombre se enamorará de ti porque serás la mujer que ellos buscan. Sin celitos ni pendejadas harás a un lado a las personas que no generan cosas buenas en ti y vivirás.

Ese es el proceso al que nos resistimos, al que muchas veces, por miedo, dejamos a un lado para compartir la vida con una pareja que al final de cuentas no es nuestra felicidad porque ni siquiera sabemos si eso es lo que queremos, porque nos pasamos la vida esperando que las cosas pasen y no buscamos generar cambios, proyectos ni sueños. Porque no luchamos. Pero eso, amigas, es otra historia.

No resistirse a los cambios es el mejor paso para no cambiar.

sábado, 8 de octubre de 2011

Si

Llegaste se manera sorpresiva, nunca te esperé. Te vi, dije tantas cosas sobre ti hasta que tus palabras ya no eran sin sentido. Hasta que vi tu rostro y esa eterna sonrisa.

Al principio, nada. Ahora, todo pasa.

Me esperas. Te busco. Me llamas. Aquí estoy. Me das el lugar que nadie me había dado.

Al parecer eres alguien en mi vida.

Estaré a tu lado y podré definir lo que es esto. Lo que seremos.


¿Acaso lo esperas?

martes, 26 de julio de 2011

Pasos para superar una pérdida amorosa.


Paso 1: Llora la pérdida siempre que puedas. Se hará tan común el llanto que a la larga te cansarás.


Paso 2: Si no quieres tirar sus cosas, guárdalas en un lugar seguro, donde seguro no las veas ni recuerdes que ahí están.


Paso 3: No llames, si lo haces sólo sé sincera. Si sabes que ya es tiempo de buscarlo, no te aflijas si sale mal. No te reprimas nada.


Paso 4: Vive como de costumbre, no intentes salir demasiado ni olvidar por medio de borracheras. Recupera tu vida pero sanamente.


Paso 5: Genera mejores relaciones con tu familia, tus amigos o quienes quieras. Así sabes que ellos siempre confian en ti.


Paso 6: Si hay algo raro en todo lo que pasó, deja de preguntarte y analiza lo que hiciste, tal vez encuentres respuesta de lo malo.

Paso 6-a: Si encuentras que no hiciste cosas tan fatales, mantente satisfecha de haber sido sincera y amorosa.

Paso 6-b: Si encuentras que hiciste cosas horribles, no te arrepientas, supéralo y sigue adelante, así habrás aprendido.


Paso 7: Si quieres buscarlo, imagina que te ha tratado mal y piensa que no merece tanto. Aunque tu corazón se parta, eso te hará fuerte


Paso 8: Si puedes viajar, hazlo. Los momentos que pases a solas te servirán para disfrutar de TU vida y pensar en lo que QUIERES hacer.


Paso 9: Busca tu identidad, ama lo que eres y lo que haces. No te obligues a nada. Si regresa será porque eres tú y no porque finges.


Paso 10: No pienses nunca en la venganza, la vida siempre se encarga de todo. Si diste todo, un día recibirás lo mejor. No esperes, vive.


Paso 11: Aunque mueras de amor, si un día lo encuentras o te busca, sólo sé quien eres, olvida el rencor. Al final vivieron momentos lindos.


Paso 12: No te dejes vencer por nada ni por nadie. Que en los demás quede lo que hagan contigo. Levántate, sacúdete las rodillas y sonríe.


Nota: Que tu amor no se muera, pero que en tu vida sea el motor. Vive, sé sincera y respeta, esa es la clave.

sábado, 16 de julio de 2011

Experimento 1

Un cadaver exquisito que hicimos entre mi buen amigo Akab y yo. Desmadrugándonos y escuchando buena música. Con cariño, Akab, aqui está el producto de nuestra inspiración


Un mar negro que se extendía de puerto a puerto en soledad.
La playa que bordeaba y remojaba con aguas de melancolía.
Un sollozo en la oscuridad no paraba de gritar;
Un grito de angustia que se perdía en la inmensidad.

Un hombre se perdió en él mismo,
no se reconoció.

¿Qué ha hecho para no aguantar su propio reflejo?
No sabe que es él; pasa la multitud lo nombra, lo crea.
La voz, la misma vieja y solitaria voz lo llama: ¡ven, no esperes mas!
No escucha. Está ausente. Dubitativo. Lleno de vi-ci-si-tu-des.
De repente todo desaparece y no puede mas que contemplar ese mar
negro

tan negro como su mirada
tan negro como el aroma de su piel
tan vacio como su alma
tan infinito como su necesidad

tan muerto como su amor.

A-M-O-R: una palabra, cuatro letras...
¿Qué significa?

¿Qué puede significar si no se puede sentir, si no se debe sentir...?
Una prohibición cumplida por ordenanza de la vida.
Una vida que se apaga por la ausencia del porqué.

Si no hay razones no hay causas.
No hay nada.

Ante este inmenso mar de soledad
¿qué caso tiene seguir viviendo?

Ante la pregunta eterna
¿qué razón se encuentra de seguir anhelando un día mas?

Ve la luz; Cierra los ojos en espera de respuesta
en
espera
de
descanso.

¿El fin de la vida es el inicio de la felicidad?
Imposible saber, pero si es el inicio del descanso.
¿para que descansar?
¿Acaso ya no escuchas, ya nos ves, ya no sientes?
¿o es acaso que ya no quieres escuchar, ver, sentir???

La palabra crea

¡invéntate!

jueves, 30 de junio de 2011

¿Qué hemos hecho sin ti, Monsi?

La pregunta en este año no era ¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi? sino ¿Qué hemos hecho sin ti, Monsi?

Y es que entre tantos problemas politicos y sociales, hace falta esa daga filosa, ese humor negro que tanto caracterizaba a nuestro Monsi.

No importando quien fuera, Monsi lo hacía tan bien, con sus palabras, con su memoria prodigiosa.

Aún recuerdo bien el momento en que me enteré. Aún no entraba a twitter pero sé que lo homenajearon, junto a Saramago. Platicaba con un amigo, fiel seguidor de Monsi y la noticia fue terrible. Recuerdo que él no quiso hablar más y mejor se desconectó.

Sí, asi de terrible fue tu partida, Monsi, después, leer las palabras de Elenita, y llorar, llorar porque te habáis marchado, porque ahí, en el café donde siempre te sentabas, no estarías más, porque Mito Genial no estaría en tu regazo otra vez. Porque México no sabría qué hacer sin tu voz, ni tu risa, ni tu mente, ni tus letras.

Este año, llegaste al Estanquillo, ahí reposas con los cientos y miles de objetos que juntaste en toda tu vida. Ahí te quedas pero te quedaste mas en el corazón de México.

Y ¿qué hemos hecho sin ti, Monsi? Llorar y sobrevivir, pocos se atreven a encararse al poder. Están tus amigos, los de PROCESO, están los periodistas que hablan, pero nadie ls escucha. Están tus lectores que no tiene la fuerza tuya. No hemos hecho nada más que escondernos bajo la cruel sábana de la indiferencia, del hartazgo.

Nos ves y nos tienes lástima, seguramente. No tenemos la fuerza para luchar porque nadie, nadie ha tomado tu lugar. No será un nuevo Monsi, pero podría ser un nuevo crítico. No hay quien nos ayude a abrir los ojos y enfrentarnos a esta realidad.

Sin duda, haces falta, Monsi.